Para aquellos que extraen de estantes polvorientos sus álbumes de fotografías, o, en su defecto rebuscan en recónditas carpetas de su ordenador, las más antiguas relquias fotográficas. Para aquellos que las contemplan con una sonrisa húmeda, y se detienen en una concretamente, de ese año en el campamento o de ese verano tan especial, con sus cinco o seis amigos más fieles. Para aquellos que, después de esto se preguntan ¿Qué habrá sido de ellos? Y a partir de ahí el día vuelve a transcurrir, el pasado, es inmodificable. El futuro no.
Bien, hoy es uno de mías días. ¿Se os viene a la cabeza alguna película adecuada a ese batiburrillo de sensaciones? ¿No? A mí sí. Y es CUENTA CONMIGO, o STAND BY ME, en la versión original.
Pocas, y repito, pocas películas, han llegado a plasmar de una forma tan veraz, brutal, apasionada y a la vez sencilla y socarrona, lo que es la amistad de la infancia. Para los que la hayan visto ¿Quién no ha sido nunca un pequeño Lachance confuso, perdido, pero con un adorable y sensato Chris Chambers a su lado, como su más leal y fiel amigo, percibiendo en su virgen e inocente mente, que era la única persona en quien se podía confiar? El primer mejor amigo es como el primer amor, todo es nuevo, pones toda tu alma e ilusión en él. Hasta que se acaba, y vuelves a entregarle a otra persona esos residuos, pero nunca serán como el primero. Lachance, convertido en escritor, rememora: "Nunca he tenido amigos como ellos". Y ninguno los tendremos. Los amigos de la infancia, solo ocurren una vez en la vida. No son superiores ni inferiores al resto, pero... No hay nada como el placer del descubrimiento de algo tan grande y, en opinión de servidora, tan infravalorado por muchos, como la amistad.

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